Pero las que no tienen una respuesta inmediata, las que están tan arraigadas en tu ser interior que no puedes responder con tu conocimiento, que necesitas esperar y renovar tu fe, tu esperanza. Qué hacemos con esas preguntas? ¿Será que todo el mundo tiene esos momentos de preguntarse a sí mismo? ¿Por qué, para qué, de qué manera, cuándo, cómo?
Caminamos y avanzamos en lo que creemos que es lo correcto, pero no siempre estamos en el centro de lo correcto, creer que es lo correcto no es suficiente. Tiene que ser lo correcto. Me gusta el salmo que dice: "enséñame tus caminos" o la antigua canción que dice: "muéstrame tus caminos, y enséñame tus sendas a andar"... Pienso que tengo mucho que aprender y que tengo poco tiempo, que debo esforzarme más en observar las señales diarias de lo que acontece, la vida de las personas para ser efectiva en mi ayuda. Pienso que muchas cosas son pasadas por alto porque no hay atención.
Qué es lo importante? ¿Qué me motiva para hacer? ¿Cómo estoy haciendo o viviendo? ¿Cómo voy a re-direccionar mi vida? ¿Por qué pienso lo que pienso?
Tal vez las preguntas surgen porque no entiendo, porque no acepto la realidad, porque asumo que otros piensan o sienten como yo... Porque no hay comunicación clara, porque interpreto cosas que no clarifico. O tal vez es nuestra naturaleza hacer preguntas! Para momentos así me hace bien escuchar a Dios o recordar las palabras que ha hablado antes, eso me hace descansar... porque a veces las preguntas se transforman en un pensamiento constante que termina por robar el gozo, cuando la respuesta que anhelamos no viene.
Así que, como cuando María y Marta afligidas por su hermano enfermo llaman a su amigo para que le sane. Y su amigo decide quedarse más tiempo en el pueblo que estaba. Para cuando decide atender el llamado de sus amigas, el hombre está muerto. Así que, en la desesperación de la muerte, en la angustia de la pérdida, y la desesperanza que viven, María y Marta hacen sus descargos a su amigo... "si hubieses estado aquí..."
Ahora sabemos que Jesús no llegó tarde, que llegó en el momento preciso, que no se equivocó en su decisión porque tenía claro su propósito. Pero cuántas veces la actitud es de dolor y desesperanza, sin considerar que Dios sabe el desenlace. Como siempre él inventará una senda nueva, un camino en el desierto. O El, que es el dueño de la resurrección y la vida, volverá a traer vida, a resucitar la confianza, la fe, la esperanza. Por eso...
"Puedo confiar en el Señor que El me ayudará,
Puedo confiar en el Señor que no va fallar.
Si el sol llegara a oscurecer y no brille más
yo igual confío en el Señor que no va fallar
Puedo descansar, puedo descansar
que a su mansión Cristo me guiará
Si el sol llegará a oscurecer y no brille más
yo igual confío en el Señor que no va fallar"